Volver
Fue un puñado de kilómetros, ida y vuelta, pero mereció la pena. Han pasado varios días pero su recuerdo agridulce me golpea insistiendo en que lo deje escrito. Sea.
Hacía años que no retornaba a aquel paisaje que me contempló durante un año sin que yo le prestara entonces toda la atención que se merece. No es la juventud la mejor etapa de la vida. No la mía. Aquello significaba casi un destierro y como un bobo, miraba más mi ombligo que el espléndido entorno que me rodeaba.
Para llegar tuve que recorrer la conocida carretera que no ha mejorado tanto pero algo sí. La travesía de un pueblo del recorrido sigue siendo igual de estrecha pero ahora me lo ha parecido más. Muy despacio, recorrí con la vista el muro de lo que nunca supe si era convento, huerta, corralón o todo ello. Me crucé con un mastodonte de gran ruta y parecía que no cabíamos por aquella angostura. Pero las tiendecitas de cerámicas, de mimbres, de artesanía, los renovados bares, Casa Juan, Casa Angelito, Bar La Sierra, presionarán para que no les hagan una circunvalación decente.
Luego la soledad de la aldea. Su silencio. Sé que detrás de cada ventana hay unos ojos que se preguntan, unos oídos que se alargan para captar nuestros comentarios. En las calles solo nos increpa un perro con su ladrido de compromiso. Hay un hombre mayor sentado a su puerta que responde a los buenos días. Nos miraba insistente entrecerrando los ojos porque le daba el sol en ellos. No ha sido fácil aparcar porque cada centímetro está aprovechado para la mínima terraza, para el patio con macetas, para los parterres donde verdean los geranios.
Caminamos casi sin hablar. Tal vez un ‘mira, ahí venden esa ruina’ o ‘ya se usa la misma pintura en todos los sitios’. Echo en falta la cal, el aceite de linaza en las piedras de los zócalos. Pero no van a darse las mujeres de hoy los viejos julepes para que yo me recree unas horas como en un parque temático. Pasamos por la casa donde me sentía casi preso tantas noches. Ha mejorado mucho su aspecto. Seguro que una solería nueva ha sustituido al ladrillo fino de entonces. En el baño habrá azulejos nuevos y sanitarios actualizados. La ventana de mi antiguo dormitorio luce de aluminio que imita madera en vez de aquellos postigos por donde silbaba el aire.
Sé que tenemos que ir al pueblo cercano para comer porque el bar de la plaza está cerrado, no sé si por festivo o por abandono. Hay como una cantina próxima de donde salen voces masculinas pero no creo que tengan, si lo tienen, más que huevos fritos y chorizo. Nos estarían mirando todo el tiempo.
El pueblo del castillo sí ha cambiado mucho. En la chimenea misma nos ponen a asar carne en una doble parrilla. Todos los entremeses son de cochino: morcilla de hígado, oreja cocida en adobo, unas rodajas mal cortadas de chorizo casero. No, no nos pueden poner ensalada. Temiéndole a la carreterucha sin luz del día, volvemos a la general. Pero el espectáculo es el conocido: desde el alto, tras la curva donde sale un ramal para la próxima pedanía, vemos otra vez la aldea que sigue pareciendo como salida de un belén de los que aún siguen instalados en tantos sitios. Le digo adiós sin saber si volveremos otra vez.
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3 comentarios · Escribe aquí tu comentario
La Malibran dijo
A veces no es bueno volver hacia el pasado.
Nostalgia, nostalgia....
Bonita evocación.
Marivi. dijo
Si yo tuviese qué volver,
a ese lugar, que añoras, y
qué describes en tu blog.
Iría hasta ese lugar, y me
quedaria allí...
¡ A veces volver a tú tranquilo,
pueblo, hace mucho bién, a
nosotros, qué necesitamos
menos estres, y mas flores,
olores, y colores entre Mariposas,
y campanillas, mirando a un cielo
azul palido, con alguna nube que
parece... algo, o en sús pequeñas
noches, llenas de estrellas, de Amor,
y de sonrisas !.
Bueno quién tenga un lugar así, puede contactar conmigo.
Pues ahí me gustaría dormir...
Marivi.
PGiraldo dijo
Hay sitios hermosos donde tal vez uno no fue feliz. Si se camina con la cabeza baja, no se ven las estrellas.
También un lugar puede ser hermoso para evocarlo con nostalgia, para volver a los recuerdos. Pero puede ser imposible renunciar al bosque para ser fiel a un solo árbol.
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